Me he olvidado de la costumbre que tenía de escribir. Así que recordé que cuando era usual, en mí se habían forjado sentimientos un tanto intensos. En este momento les tengo una buena noticia: es felicidad. Y es la felicidad de sentirse querido, de percatarse de que el aspecto emocional es tan fuerte e influye en todos los demás factores de la vida. Me agrada que con tanto ajetreo pasando días y noches, hayan momentos para analizar hasta el bienestar. ¿Y qué sería felicidad sin tener a aquellos quienes la causan? Ni siquiera podría considerarles un complemento, sino la base, el sabor de mi sopa de jovialidad, la que ha embargado mis efectos efímeros de angustia. Dichoso me siento, abrumado de los sollozos que se ejecutan en los momentos más intensos.
Esto, divagando entre madrugadas, es una apología a la alegría, al agradecimiento. Ha sido gratificante tener razones de gozo en estos días anteriores, las tuve y estoy agradecido. Y dentro de mí, a pesar de pregonar entre una historia sin fundamento en su extensión, en medio de todo, quise decir "Gracias", así que escribí esto, donde no tuviera que darle a cada uno de ustedes un momento de discusión sobre mi sentir, lo quiero hacer público porque ha sido grande. Entre sabores y notas musicales, entre juegos y crema azucarada, lo que más recuerdo de estos soles y lunas son las sonrisas, las que hemos invocado para de alguna u otra manera hacernos saber a nosotros mismos y a todos los demás, que nos sentimos únicos en ese segundo, en ese actuar.
No he de extenderme más, cosa que sí sucede en lo más insignificante del recordar, pero, les agradeceré de verdad, con mi ser, con mi estar, con mi existir, dando lo mejor de mí para corresponder en esta alegría que tengo a esta hora.
De verdad, ¡gracias! :)
FVL - PdB - FMM.
Una pequeña introducción
5 feb 2018
18 nov 2017
Buenas noches.
Buenas noches.
Sé que ha sido un poco tarde, en parte porque un adiós no tiene horario, ¿lo tendría? No tiene relevancia esa pregunta. En cambio sí me cuestiono otro tipo de cosas, como qué pudo haber incitado una decisión tan apresurada, por qué sin tomar respiro, una bocanada de aire motivó tal premisa. Es mucha meditación para algo inevitable, y es triste que aún se considere un pensamiento latente.
No puedo negar que la incertidumbre me carcome la tranquilidad, aún pasando tantos calendarios. Sigue siendo un tema en mi cabeza, tal como los asuntos familiares, como las relaciones interpersonales, como el mismo hecho de recordar. Es frustrante que tantos comienzos sean así, finales. Le pido una explicación a mi historia, porque a la suya tal vez no le supe escuchar. Me atormenta también que vestigios de su ser han quedado en mí, sabiendo yo que en su momento era fantástico, suponiendo un crecimiento, supe apreciar su influencia como un alimento que vorazmente mi persona ha querido aglutinar. Y lo fue, un deleite que esto haya sido legado, legado que permanece agridulce, a la luz de esta luna.
Mire, le sigo exigiendo un sentido a su actuar. Son cometidos que acaecen, son sucesos que acontecen, pero yo no le reclamo a la vida, porque ella me ha hecho razonar sobre los tropiezos. En cambio usted, quien con altura cínica, pretende ser consecuente, no le ha hecho saber a este globo terráqueo que este consecuente tuvo un antecedente. Egoísmo le dictamino a esta verdad, y no verdad porque sea justa, sino por el contrario, ha sido arbitraria, aborrecible.
Le expresé sin embargo, ser esto una despedida, le propongo que esto sea una última postal. De esas que contaban los pesares y triunfos diarios, los alegres y reprochables momentos. Este es mi día, quise contárselo para demostrar que fue uno de los más complicados, contrario a la rutina del pasado, no espero respuesta, consuelo o expresión de comprensión, este será un ciclo que nunca tuvo su cierre.
Sé que esto que expreso denota ira, desconcierto, abominación, sin embargo es el resultado de la impotencia de que la alegría que alguna vez hubo, no estará. Quiero que me comprenda en ese aspecto, a pesar de ello, un logro de felicidad me ha sabido usted ofrecer, magnífica que sea la vida testigo de su presencia y todo lo que ello causó.
De verdad que para mí habría sido fácil cerrar esto con una prohibición a mi memoria de evocar cualquier cosa que la relacione, pero no es de tal manera como considero hacerlo. Le escribí esto como primer paso de una serie de muchos para poder aniquilar ciertos rasgos de su recuerdo, de esos que hacen solicitarle de nuevo, y conservar la experiencia que sí me hizo un poco más humano y lo hace ahora, porque me permite saber que habían sentimientos en todo esto.
Me detendré ahí, finalizo expresándole que usted estará en mí, por mucho tiempo, pero espero que cada vez sea menos su recuerdo y más su forma de hacerme ver el mundo, la que me permitió aprender que se puede combinar egoísmo y humanidad,
Buenas noches.
Sé que ha sido un poco tarde, en parte porque un adiós no tiene horario, ¿lo tendría? No tiene relevancia esa pregunta. En cambio sí me cuestiono otro tipo de cosas, como qué pudo haber incitado una decisión tan apresurada, por qué sin tomar respiro, una bocanada de aire motivó tal premisa. Es mucha meditación para algo inevitable, y es triste que aún se considere un pensamiento latente.
No puedo negar que la incertidumbre me carcome la tranquilidad, aún pasando tantos calendarios. Sigue siendo un tema en mi cabeza, tal como los asuntos familiares, como las relaciones interpersonales, como el mismo hecho de recordar. Es frustrante que tantos comienzos sean así, finales. Le pido una explicación a mi historia, porque a la suya tal vez no le supe escuchar. Me atormenta también que vestigios de su ser han quedado en mí, sabiendo yo que en su momento era fantástico, suponiendo un crecimiento, supe apreciar su influencia como un alimento que vorazmente mi persona ha querido aglutinar. Y lo fue, un deleite que esto haya sido legado, legado que permanece agridulce, a la luz de esta luna.
Mire, le sigo exigiendo un sentido a su actuar. Son cometidos que acaecen, son sucesos que acontecen, pero yo no le reclamo a la vida, porque ella me ha hecho razonar sobre los tropiezos. En cambio usted, quien con altura cínica, pretende ser consecuente, no le ha hecho saber a este globo terráqueo que este consecuente tuvo un antecedente. Egoísmo le dictamino a esta verdad, y no verdad porque sea justa, sino por el contrario, ha sido arbitraria, aborrecible.
Le expresé sin embargo, ser esto una despedida, le propongo que esto sea una última postal. De esas que contaban los pesares y triunfos diarios, los alegres y reprochables momentos. Este es mi día, quise contárselo para demostrar que fue uno de los más complicados, contrario a la rutina del pasado, no espero respuesta, consuelo o expresión de comprensión, este será un ciclo que nunca tuvo su cierre.
Sé que esto que expreso denota ira, desconcierto, abominación, sin embargo es el resultado de la impotencia de que la alegría que alguna vez hubo, no estará. Quiero que me comprenda en ese aspecto, a pesar de ello, un logro de felicidad me ha sabido usted ofrecer, magnífica que sea la vida testigo de su presencia y todo lo que ello causó.
De verdad que para mí habría sido fácil cerrar esto con una prohibición a mi memoria de evocar cualquier cosa que la relacione, pero no es de tal manera como considero hacerlo. Le escribí esto como primer paso de una serie de muchos para poder aniquilar ciertos rasgos de su recuerdo, de esos que hacen solicitarle de nuevo, y conservar la experiencia que sí me hizo un poco más humano y lo hace ahora, porque me permite saber que habían sentimientos en todo esto.
Me detendré ahí, finalizo expresándole que usted estará en mí, por mucho tiempo, pero espero que cada vez sea menos su recuerdo y más su forma de hacerme ver el mundo, la que me permitió aprender que se puede combinar egoísmo y humanidad,
Buenas noches.
1 mar 2016
Entre el cielo y el suelo: un modo de vivir.
[Escrito en junio de 2015, publicado el 1 de marzo de 2016]
Evidente es que cada vez estemos más preocupados por eventuales cosas que puedan pasar y que devaste el mundo en el que vivimos. Muchos intelectuales (y personas del común por supuesto) mencionan estar preocupados por el calentamiento global, la crisis económica, el creciente dominio tecnológico, etc. No sé si sea conveniente estar preocupados si en efecto no se hace nada por cambiar cosas.
Un tal J. Craig Venter respondió a la pregunta "¿Por qué debemos estar preocupados?" con una irónica respuesta: "No mucho. Manejo una motocicleta sin casco." Aunque gracioso y fuera de contexto, es así como muchos deciden vivir el mundo, aunque cada vez menos habitable, aunque siempre con responsabilidades que si uno se pone a pensar, son las mismas que nos están llevando a la hecatombe, y hay gente que simplemente decide vivir alegre. Todo eso según mi criterio debe clasificarse en quienes tienen los pies en la tierra y quienes asemejan volar entre sus ideas y sueños. Quienes deciden mantenerse de pie saben de sus preocupaciones, de la hora puntual a la que deben llegar a su estudio, trabajo, conocen los precios de lo que consumen, la ruta que los acerca a su lugar de destino... Todo es un proceso sistemático, el lío comienza en el probable 'desencarrilamiento' de su rutina: el reloj no sonó, por tanto voy a llegar tarde: problemas; los alimentos elevaron sus precios a sobremanera: problemas; he tomado otro bus y me he perdido en la enorme ciudad: problemas. Basta con modificar uno o varios aspectos, lanzarle un reto a un empleado de la ciudad y comienzan los refunfuños, creo que así somos muchos de nosotros, llevamos nuestra vida de manera cuadriculada estando propensos a esas dichosas enfermedades del entorno: estrés y asociados...
Quienes desean (o pueden) elevar sus pies, aquellos improvisadores del camino pueden enfrentar algunos asuntos de manera más... ¿Cómo llamarlo? Amigable! Hace falta perderse en la ciudad para sentir algo extraño, conocer lugares nuevos, caminar más despacio y observar más de cerca todo el panorama a pesar de creer conocerlo en su totalidad, quienes pueden mantenerse en ese imaginario de ideal pueden sacar provecho a una caminata, a una charla espontánea, a sonreírle a un extraño pueden ver sus días pasar y saber que viven como quisieron vivir, tal vez haciendo lo que disfrutan a pesar de no ser acogidos como aporte de procesos como la globalización, del creciente capitalismo... Yo sin embargo observo que también hay consecuencias al no acogerse a caminar por el suelo, se tiende a vivir en un mundo en el que sólo caben ellos en algunas ocasiones, rechazan el tener que enfrentar los problemas aunque estén ahorcando sus oportunidades de vivir y ese no es el modo de enfrentar la realidad. Básicamente es eso, vivir fuera de la realidad en la que mal o bien pero nos toca vivir. Quizá quien está arraigado que debe ser así sea yo, pero hay cuestiones del entorno que son difíciles de asumir estando en la nube correcta (o equivocada).
Este escrito está lleno de esa necesidad de vivir entre los dos mundos, de saber cuándo es hora de caminar de la mano de un niño o un abuelo y ver el mundo como hay que verlo: sin afanes. Sin embargo también compartimos experiencias que están en la superficie, vivimos en ella y por más metafísica que le apliquemos al asunto, debemos volver a la realidad en la que vivimos. Desde luego este artículo no trata de una verdad absoluta, hay que aclarar que como todo en este blog, es el libre albedrío de un integrante del planeta que gustaría de mantenerse buscando un equilibrio. Debido a que necesita las suficientes emociones que no encuentra en el mundo para sentirse bien y de igual modo quiere codearse con la sociedad, a pesar de lo paradójico que resulta lidiar con ella por su exorbitante indiferencia.
Hay cosas que te atan al suelo y otras que te hacen levitar, y definitivamente quiero hacer frente a todas ellas. Ahora expuesto mi punto de vista, ¿de qué lado quiere estar usted?
Evidente es que cada vez estemos más preocupados por eventuales cosas que puedan pasar y que devaste el mundo en el que vivimos. Muchos intelectuales (y personas del común por supuesto) mencionan estar preocupados por el calentamiento global, la crisis económica, el creciente dominio tecnológico, etc. No sé si sea conveniente estar preocupados si en efecto no se hace nada por cambiar cosas.
Un tal J. Craig Venter respondió a la pregunta "¿Por qué debemos estar preocupados?" con una irónica respuesta: "No mucho. Manejo una motocicleta sin casco." Aunque gracioso y fuera de contexto, es así como muchos deciden vivir el mundo, aunque cada vez menos habitable, aunque siempre con responsabilidades que si uno se pone a pensar, son las mismas que nos están llevando a la hecatombe, y hay gente que simplemente decide vivir alegre. Todo eso según mi criterio debe clasificarse en quienes tienen los pies en la tierra y quienes asemejan volar entre sus ideas y sueños. Quienes deciden mantenerse de pie saben de sus preocupaciones, de la hora puntual a la que deben llegar a su estudio, trabajo, conocen los precios de lo que consumen, la ruta que los acerca a su lugar de destino... Todo es un proceso sistemático, el lío comienza en el probable 'desencarrilamiento' de su rutina: el reloj no sonó, por tanto voy a llegar tarde: problemas; los alimentos elevaron sus precios a sobremanera: problemas; he tomado otro bus y me he perdido en la enorme ciudad: problemas. Basta con modificar uno o varios aspectos, lanzarle un reto a un empleado de la ciudad y comienzan los refunfuños, creo que así somos muchos de nosotros, llevamos nuestra vida de manera cuadriculada estando propensos a esas dichosas enfermedades del entorno: estrés y asociados...
Quienes desean (o pueden) elevar sus pies, aquellos improvisadores del camino pueden enfrentar algunos asuntos de manera más... ¿Cómo llamarlo? Amigable! Hace falta perderse en la ciudad para sentir algo extraño, conocer lugares nuevos, caminar más despacio y observar más de cerca todo el panorama a pesar de creer conocerlo en su totalidad, quienes pueden mantenerse en ese imaginario de ideal pueden sacar provecho a una caminata, a una charla espontánea, a sonreírle a un extraño pueden ver sus días pasar y saber que viven como quisieron vivir, tal vez haciendo lo que disfrutan a pesar de no ser acogidos como aporte de procesos como la globalización, del creciente capitalismo... Yo sin embargo observo que también hay consecuencias al no acogerse a caminar por el suelo, se tiende a vivir en un mundo en el que sólo caben ellos en algunas ocasiones, rechazan el tener que enfrentar los problemas aunque estén ahorcando sus oportunidades de vivir y ese no es el modo de enfrentar la realidad. Básicamente es eso, vivir fuera de la realidad en la que mal o bien pero nos toca vivir. Quizá quien está arraigado que debe ser así sea yo, pero hay cuestiones del entorno que son difíciles de asumir estando en la nube correcta (o equivocada).
Este escrito está lleno de esa necesidad de vivir entre los dos mundos, de saber cuándo es hora de caminar de la mano de un niño o un abuelo y ver el mundo como hay que verlo: sin afanes. Sin embargo también compartimos experiencias que están en la superficie, vivimos en ella y por más metafísica que le apliquemos al asunto, debemos volver a la realidad en la que vivimos. Desde luego este artículo no trata de una verdad absoluta, hay que aclarar que como todo en este blog, es el libre albedrío de un integrante del planeta que gustaría de mantenerse buscando un equilibrio. Debido a que necesita las suficientes emociones que no encuentra en el mundo para sentirse bien y de igual modo quiere codearse con la sociedad, a pesar de lo paradójico que resulta lidiar con ella por su exorbitante indiferencia.
Hay cosas que te atan al suelo y otras que te hacen levitar, y definitivamente quiero hacer frente a todas ellas. Ahora expuesto mi punto de vista, ¿de qué lado quiere estar usted?
25 feb 2016
¿Cómo no quererle?
¿Cómo no he de quererle?
Si he sentido al hablarle
Su sapiencia, su olor
Su esencia, su sabor
Y ese sabor que no empalaga
Ese que sientes con los oídos
Que te deleita con cada palabra
Que menciona sin zozobra
¿Cómo no he de quererle?
Si aprendí a verme a mí mismo
Y qué más ideal que alguien
Que te expulse del cataclismo
Que aflore en sus quehaceres
Ciertas tuyas capacidades
Que cave en ti y te muestre
Tus magnas habilidades
¿Cómo no he de quererle?
Y ¿cómo sí he de quererle?
Siempre me pregunto ello
Aunque respuesta no encuentre
Y no, no he de quererle
Porque no he de causarle
Ni con mi mejor intención
Lo que usted ha de darme
Y sin tener cómo quererle
Permanecer quiero intentarle
A buscar de qué modo requiere
El placer de corresponderle
18 jun 2015
En cuanto a la 'justicia por cuenta propia'...
Un saludo a todo posible lector. Antes de comenzar con la retahíla de esta entrada de blog, vale la pena aclarar (y aunque es bastante evidente ya que es un blog) que el contenido aquí escrito es no más una opinión personal que en eso se queda, usted no tiene por qué asumirla o acogerse a ella, esto se aclara porque el artículo puede herir susceptibilidades.
Ahora sí, comenzaremos con la enunciación del problema: 'Justicia por cuenta propia' así, entre comillas ya veremos por qué.
Para quienes no estén al tanto de la situación, en resumen, se trata de un hecho que se está dando cada vez más frecuente en la ciudad de Bogotá y como tal en toda Colombia más o menos así: un delincuente (casi siempre solo) intenta hurtarle pertenencias a cualquier transeúnte en la calle, por lo general la víctima reacciona ya sea defendiéndose o alertando a personas cercanas de que ha sido robado, entonces los más feroces persiguen al delincuente hasta que lo alcanzan, lo rodean quizá como en la crucifixión de Jesús de esa misma manera (con insultos, golpes y demás maltrato). Desde luego así como hay los verdugos, también tenemos a las magdalenas, son esas señoras que suplican que no sea agredido, que "pobrecito", dando el toque final a la escena. Eso así, a 'grosso modo'.
El inconveniente termina, el villano no es cricificado pero sí muy bien apaleado, llega la policía y ahí todo parece acabarse. Casi todos contentos porque se ha linchado a una 'rata', "de seguro eso le quedará como lección".
Hasta ahí todo normal. Los ciudadanos defendemos esa forma de defensa ya que nuestro sistema judicial por una u otra razón no llena las expectativas de castigo y ¡claro!, si no actúa la ley, entonces se debe tomar las riendas del asunto. Se puede decir que la gente se hartó de que un delincuente sea capturado para luego de 24 horas ser liberado. Por su parte hay gente que se manifiesta en desacuerdo con este ejercicio porque "la violencia no se arregla con más violencia" (irónicamente en Colombia llevamos más de 50 años demostrándolo), "porque él lo hace por necesidad" y la más llamativa: "se le hace eso a un poble diablo pero no se le exige al gobierno", posiciones que aunque pareciera que se tuviera que tomar partido en alguna.
Ahora bien, ya expuestas las dos caras de la moneda, en la opinión de este pinche escritor no me puedo acomodar en ninguna y daré las razones:
El 'linchamiento' de delincuentes argumentando que es la ciudadanía la que busca ejercer la ley no es más que una excusa de lo más hipócrita. Siendo colombianos podemos golpear delincuentes porque robaron pero como ciudadanos no podemos exigirle al resto una mejor ciudad, no podemos decirle al conductor que no cruce con el semáforo en rojo, no podemos pedir a los demás que no arrojen papeles al suelo, no podemos exigir que no deben colarse (o cuelarse, bah) en los sistemas de transporte, no podemos exigir una mejor ciudad ¡y para eso no creo que haya que golpear a nadie! Es la cultura troglodita e involucionada que para advertir no metemos la cucharada, pero para dar pata se forman las turbas. Claro, claro, habrán personas que se ofuscarán porque exigir esas normas (algunas leyes) en medio de esta cultura no es fácil, si tan sólo pedir una silla azul ya es para insultos, ¿cómo será en las vías donde los conductores tienen al alcance objetos como crucetas? Pues mi punto es que esa excusa de exigir la ley es absurda porque si exigiéramos como golpeáramos -en grupo-, a lo mejor todo saldría mejor.
En cuanto a la otra posición, tampoco me acojo. Bien sabemos que el sistema judicial colombiano no es de orgullo para nadie, pero en parte sabemos que es por nuestra culpa: las cárceles se llenan de asesinos, violadores, traficantes, políticos (sí, claro) y demás adefesios de la sociedad que para dar espacio a una persona por un simple hurto pues como que no es la prioridad. Y como no confiamos en el sistema, cuando el delincuente ha sido capturado no se interpone la denuncia, o puede ser también por pereza, tan sólo el no realizar esto, mata completamente la poca efectividad que podría tener la ley. De nuevo es cuestión de cultura, de dejar de ser tan...
En conclusión, no me acogí a ninguna postura pero sí puedo expresar algo al respecto:
Maltratemos ladrones porque el sistema judicial no da para esta nación, exijamos respeto por nuestras pertenencias porque nos cuestan trabajo y no es justo que un aparecido se gane la lotería con sus víctimas, pero no seamos tan hipócritas y así mismo con esa misma energía pidamos más cultura ciudadana, y así como se exige se da (no estoy hablando de golpear en este caso)
O
Dejemos de golpear pobres diablos, se sabe que el problema tiene un trasfondo y es la falta de educación y sobre todo oportunidades para esos parásitos que tienen que solventarse con lo ajeno. Entonces nos toca exigirle de verdad al Gobierno por universidades, colegios, centros de formación porque vemos que con la actual capacidad tenemos cientos de personas trabajando de ese modo que repudiamos.
Hay un camino fácil y otro difícil, pero al menos en alguno de ellos se logra algo. El hecho es que si seguimos en la actual situación, pateando sapos en el pantano, no llegamos a nada.
Ahora sí, comenzaremos con la enunciación del problema: 'Justicia por cuenta propia' así, entre comillas ya veremos por qué.
Para quienes no estén al tanto de la situación, en resumen, se trata de un hecho que se está dando cada vez más frecuente en la ciudad de Bogotá y como tal en toda Colombia más o menos así: un delincuente (casi siempre solo) intenta hurtarle pertenencias a cualquier transeúnte en la calle, por lo general la víctima reacciona ya sea defendiéndose o alertando a personas cercanas de que ha sido robado, entonces los más feroces persiguen al delincuente hasta que lo alcanzan, lo rodean quizá como en la crucifixión de Jesús de esa misma manera (con insultos, golpes y demás maltrato). Desde luego así como hay los verdugos, también tenemos a las magdalenas, son esas señoras que suplican que no sea agredido, que "pobrecito", dando el toque final a la escena. Eso así, a 'grosso modo'.
El inconveniente termina, el villano no es cricificado pero sí muy bien apaleado, llega la policía y ahí todo parece acabarse. Casi todos contentos porque se ha linchado a una 'rata', "de seguro eso le quedará como lección".
Hasta ahí todo normal. Los ciudadanos defendemos esa forma de defensa ya que nuestro sistema judicial por una u otra razón no llena las expectativas de castigo y ¡claro!, si no actúa la ley, entonces se debe tomar las riendas del asunto. Se puede decir que la gente se hartó de que un delincuente sea capturado para luego de 24 horas ser liberado. Por su parte hay gente que se manifiesta en desacuerdo con este ejercicio porque "la violencia no se arregla con más violencia" (irónicamente en Colombia llevamos más de 50 años demostrándolo), "porque él lo hace por necesidad" y la más llamativa: "se le hace eso a un poble diablo pero no se le exige al gobierno", posiciones que aunque pareciera que se tuviera que tomar partido en alguna.
Ahora bien, ya expuestas las dos caras de la moneda, en la opinión de este pinche escritor no me puedo acomodar en ninguna y daré las razones:
El 'linchamiento' de delincuentes argumentando que es la ciudadanía la que busca ejercer la ley no es más que una excusa de lo más hipócrita. Siendo colombianos podemos golpear delincuentes porque robaron pero como ciudadanos no podemos exigirle al resto una mejor ciudad, no podemos decirle al conductor que no cruce con el semáforo en rojo, no podemos pedir a los demás que no arrojen papeles al suelo, no podemos exigir que no deben colarse (o cuelarse, bah) en los sistemas de transporte, no podemos exigir una mejor ciudad ¡y para eso no creo que haya que golpear a nadie! Es la cultura troglodita e involucionada que para advertir no metemos la cucharada, pero para dar pata se forman las turbas. Claro, claro, habrán personas que se ofuscarán porque exigir esas normas (algunas leyes) en medio de esta cultura no es fácil, si tan sólo pedir una silla azul ya es para insultos, ¿cómo será en las vías donde los conductores tienen al alcance objetos como crucetas? Pues mi punto es que esa excusa de exigir la ley es absurda porque si exigiéramos como golpeáramos -en grupo-, a lo mejor todo saldría mejor.
En cuanto a la otra posición, tampoco me acojo. Bien sabemos que el sistema judicial colombiano no es de orgullo para nadie, pero en parte sabemos que es por nuestra culpa: las cárceles se llenan de asesinos, violadores, traficantes, políticos (sí, claro) y demás adefesios de la sociedad que para dar espacio a una persona por un simple hurto pues como que no es la prioridad. Y como no confiamos en el sistema, cuando el delincuente ha sido capturado no se interpone la denuncia, o puede ser también por pereza, tan sólo el no realizar esto, mata completamente la poca efectividad que podría tener la ley. De nuevo es cuestión de cultura, de dejar de ser tan...
En conclusión, no me acogí a ninguna postura pero sí puedo expresar algo al respecto:
Maltratemos ladrones porque el sistema judicial no da para esta nación, exijamos respeto por nuestras pertenencias porque nos cuestan trabajo y no es justo que un aparecido se gane la lotería con sus víctimas, pero no seamos tan hipócritas y así mismo con esa misma energía pidamos más cultura ciudadana, y así como se exige se da (no estoy hablando de golpear en este caso)
O
Dejemos de golpear pobres diablos, se sabe que el problema tiene un trasfondo y es la falta de educación y sobre todo oportunidades para esos parásitos que tienen que solventarse con lo ajeno. Entonces nos toca exigirle de verdad al Gobierno por universidades, colegios, centros de formación porque vemos que con la actual capacidad tenemos cientos de personas trabajando de ese modo que repudiamos.
Hay un camino fácil y otro difícil, pero al menos en alguno de ellos se logra algo. El hecho es que si seguimos en la actual situación, pateando sapos en el pantano, no llegamos a nada.
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